Autoridades rusas hallan una residencia subterránea al sureste de la nación en la que habitaba una secta islamista, según la policía allí vivían cerca de 70 personas en las que se encontraban unos 27 niños.
Los miembros de este grupo religioso vivieron allí cerca de 10 años sin tener acceso a los servicios básicos de salud y sin ver la luz solar, el líder y los padres de los menores fueron acusados de maltrato infantil.