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Venezuela

Disfrutaban torturas: duro relato de crueldad de Maduro y Cilia que se declararon inocentes en EE. UU.

Durante la audiencia, ambos se declararon no culpables de los cargos expuestos por el juez Alvin Hellerstein sobre este tipo de vejámenes.

Una corte federal del Distrito Sur de Nueva York leyó formalmente ante Nicolás Maduro y Cilia Flores una ampliación del pliego de cargos que incluye conspiración para cometer tortura contra opositores políticos y ciudadanos de Estados Unidos y Venezuela.

Durante la audiencia, ambos se declararon no culpables de los cargos expuestos por el juez Alvin Hellerstein sobre este tipo de vejámenes.

Las acusaciones detallan métodos de tortura sistemática que incluyen descargas eléctricas, simulacros de ahogamiento con bolsas plásticas, golpes brutales en zonas sensibles como genitales, extracción de uñas con alicates, insolaciones prolongadas y confinamiento en cuartos de frío.

Estas prácticas fueron denunciadas durante años por víctimas de la represión en Venezuela y ahora forman parte de un proceso judicial formal en Estados Unidos.

Entre los casos documentados figura el de un ciudadano norteamericano identificado como víctima número 9, quien fue privado de libertad el 29 de enero de 2025 en su propia vivienda.

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Fue esposado, golpeado cada media hora durante dos días con agresiones en cara, cabeza y estómago que le causaron una lesión permanente en un ojo. Permaneció detenido hasta el 15 de enero de 2026, casi un año después de su arresto.

Dignora Hernández, secretaria política nacional de Vente Venezuela, quien estuvo 690 días en cautiverio en el Helicoide desde el 20 de marzo de 2024 hasta el 8 de febrero de 2026, relató las condiciones que enfrentaron los presos políticos.

"Durante mi reclusión, la asistencia médica fue de carácter estrictamente paliativa, enmascarativa", declaró Hernández a NTN24.

La exprisionera política detalló que ante severas crisis alérgicas recibía únicamente esteroides y antialérgicos que le provocaban estados de somnolencia de hasta 19 horas consecutivas.

"Aún bajo ese estado de sedación, si un jefe policial requería un interrogatorio, me levantaban, me obligaban a vestir el uniforme y me presentaban ante ellos", agregó.


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