"No es fácil enfrentarse a un gobierno que puede comprar abogados, jueces y políticos": entre lágrimas venezolano pide justicia 24 años después de que el régimen matara a su hijo
Mohamed Merhi salió a marchar por las calles de Caracas el 11 de abril de 2002 acompañado de su hijo Jesús, de apenas 18 años. Padre e hijo nunca imaginaron que ese día cambiaría sus vidas para siempre.
En medio de los disparos que sacudieron la capital venezolana, ambos se separaron. Mohamed lo buscó desesperadamente hasta que esa noche encontró el nombre de su hijo en una lista de fallecidos en un hospital.
Han pasado más de 24 años desde aquella tragedia, y Mohamed Merhi continúa exigiendo justicia por el asesinato de Jesús Mohamad.
Ahora ha llevado su reclamo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde ofreció un testimonio que retrata el sufrimiento de toda una familia.
"El segundo día identifiqué el cuerpo sin vida de Jesús en la morgue de Bello Monte. Ese día le prometí a mi hijo y me prometí a mí mismo no descansar hasta lograr justicia", declaró Mohamed Merhi ante la Corte. Su hijo era un joven lleno de vida, inteligente, que le enseñaba computación y jugaba ajedrez.
"Era más mi amigo que mi hijo", recordó el padre.
El caso forma parte de Trujillo y otros contra Venezuela, que llegó hasta la instancia internacional tras años de tramitación. Mohamed Merhi ha recopilado pruebas, investigado, denunciado irregularidades judiciales e incluso se declaró en huelga de hambre para exigir justicia.
También fundó la organización VIVE, dedicada a denunciar violaciones a los derechos humanos.
La tragedia dejó secuelas profundas en toda la familia. Jonathan, el hermano menor de Jesús, tenía 10 años cuando ocurrieron los hechos.
"Jonathan tenía a Jesús como su ídolo. Cuando supo la muerte de su hermano, lloró durante años. Fue declarado en Canadá como un niño con discapacidad porque no pudo superar eso", relató Mohamed Merhi.
María, la madre de Jesús, sigue mirando las fotografías de su hijo 24 años después. "Imagina que salta ahí a abrazarlo por última vez", describió Mohamed sobre el dolor de su esposa.
El activista aseguró tener los nombres y apellidos de más de 60 responsables de los hechos violentos de ese día. "Uno de los que yo sospecho que había disparado a mi hijo se llama Miká. Él estaba en el centro de la avenida Baralt con un 9 milímetros apuntando a las cabezas de la gente", denunció.
La lucha por justicia tuvo un alto costo personal para Mohamed Merhi. Perdió propiedades en Venezuela, incluyendo minas en la Gran Sabana donde había invertido dos millones de dólares. "Me enviaron como 200 personas a invadir, a destruir maquinaria", señaló.
Su familia tuvo que salir del país hacia Trinidad y Tobago, y luego hacia Canadá. Fue atacado físicamente en varias oportunidades y sufrió amenazas constantes.
"La lucha ha sido dura porque no es fácil enfrentarse a un gobierno que puede comprar abogados, puede comprar jueces, puede comprar políticos", afirmó Mohamed Merhi durante su testimonio.
"La impunidad no fue un accidente, sino el resultado de un sistema que protegió a los responsables", declaró ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Al ser consultado sobre qué le diría a su hijo si pudiera verlo, Mohamed Merhi respondió: "Que he cumplido contigo, hijo. Que tu padre está a la altura de tu inteligencia, de tu habilidad, de tu amistad. Que nunca te he olvidado. Tu padre te ama, siempre te ha amado".