El espacio entre las estrellas no está en calma: un nuevo mapa revela que 41 % del medio interestelar es inestable
Lo que parece ser un vacío silencioso entre las estrellas es, en realidad, un entorno mucho más dinámico de lo que la astronomía suponía. Un nuevo mapa tridimensional de la Vía Láctea demuestra que una gran parte del medio interestelar, el gas y el polvo que ocupan el espacio entre las estrellas, están en condiciones inestables, un resultado que desafía varias décadas de modelos científicos.
La investigación, difundida por la revista Quanta Magazine este 30 de octubre, halló que el 41 % del medio interestelar en el vecindario galáctico estudiado corresponde a material en una zona intermedia entre los estados frío y caliente. El hallazgo contradice la imagen tradicional según la cual ese material tiende a organizarse de manera rápida en dos condiciones estables.
El equipo liderado por el investigador Shmuel Bialy, profesor del Instituto Tecnológico de Israel (Technion), y el estudiante Jonathan Shelest combinó dos mapas astronómicos para rehacer las condiciones físicas del gas y el polvo en tres dimensiones.
Por décadas, los científicos describieron el medio interestelar a través de dos estados principales. El primero es el frío, con temperaturas cercanas a los 100 kelvin (unos -173 grados Celsius), en el que el gas puede enfocarse y contribuir a la formación de nubes. El segundo es el cálido, que llega a aproximadamente 8.000 kelvin y se mantiene más disperso por la radiación ultravioleta de las estrellas que tiene cerca.
Un modelo después de este incorporó una tercera fase extremadamente caliente, que está asociada a las ondas de choque de las supernovas. No obstante, la teoría predominante mantenía que, fuera de esas regiones, el material tenía que alcanzar un equilibrio relativamente estable.
El nuevo análisis encontró una distribución diferente: cerca del 27 % del medio interestelar evaluado está frío, el 32 % se encuentra en estado cálido y el 41 % restante ocupa esa zona intermedia que se clasifica como inestable. Para Shelest, el resultado fue tan inesperado que al principio pensó que cometió un error.
La reconstrucción fue posible gracias a la combinación de información acerca de la densidad del polvo interestelar y la intensidad de la radiación ultravioleta que lo calienta. Uno de los insumos fue el mapa de estrellas elaborado por el telescopio espacial Gaia, que dejó calcular distancias y estudiar cómo el polvo atenúa y enrojece la luz.
Los investigadores observaron que el material inestable no estaba distribuido al azar: formaba grandes estructuras alrededor de concentraciones de polvo más estables. Esto puede suponer que el medio interestelar está sometido a procesos constantes de calentamiento, enfriamiento y movimiento.
La posible consecuencia es importante para entender cómo nacen las estrellas. Las galaxias transforman en estrellas solo una fracción de su gas disponible, y la circulación de energía en el interior del medio interestelar puede llegar a ayudar a explicar por qué ese proceso es menos eficiente de lo que algunos modelos predicen.
Sin embargo, el resultado tiene que interpretarse con cautela. Otros especialistas advierten que la resolución limitada de los mapas y los métodos matemáticos empleados podrían exagerar la proporción de material inestable. El trabajo de Shelest y Bialy aún se encuentra en revisión por pares.
Si futuras observaciones confirman la tendencia, los modelos que han descrito el espacio entre las estrellas como un entorno en equilibrio van a tener que incorporar una realidad mucho más cambiante.