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Héctor Schamis Regreso María Corina Machado

Cambio de juego: María Corina en Venezuela

Lea aquí la última columna de opinión de Héctor Schamis, profesor de la Universidad de Georgetown.

Por: Héctor Schamis

Estabilización, recuperación, transición. La administración Trump ha repetido esta secuencia infinidad de veces, no como tareas superpuestas y complementarias, sino como fases discretas. La idea que el proceso de cambio es uno solo y que la diferencia entre dichas etapas es simplemente analítica les ha sido ajena. Tan ajena como que la condición necesaria para mantener el orden (estabilización), reactivar la economía (recuperación) y avanzar hacia la democracia (transición) es, en realidad, la misma: la reconstrucción institucional del país, la recuperación del Estado de derecho.

Infinidad de veces, también, se ha preguntado por las fechas de dicha secuencia. La respuesta casi siempre ha sido una suerte de “metas, pero no plazos”. El paso del tiempo desde el 3 de enero hizo pensar que, dilatando el desmantelamiento del régimen, la Casa Blanca solo buscaba petróleo, para lo cual estaba dispuesta a truncar la transición democrática. Una relación puramente transaccional para distribuir rentas de corto plazo entre amigos, pero no para desarrollar una industria petrolera eficiente y competitiva, sostenible y capaz de moderar los típicos ciclos de precios.

Es decir, una industria anclada en instituciones capaces de crear seguridad jurídica y reducir el riesgo del inversor. Es que no hay prosperidad de largo plazo sin Estado de Derecho. No casualmente, la institucionalidad que protege los derechos de propiedad es la misma que asegura libertades ciudadanas y paz social, creando con ello las condiciones propicias para un orden político democrático. Esa es la conexión entre prosperidad y democracia, un marco cognitivo que la Casa Blanca no compartía.

Así, la tan deseada y postergada democratización de Venezuela parecía frustrarse una vez más. Con los criminales de siempre en el poder, el Departamento de Defensa se asoció en un joint venture con ellos para explotar 17 campos de petróleo “por los próximos cien años”. Donald Trump prometió utilidades “como nunca antes” y Delcy Rodríguez agradeció emocionada. La mala noticia ya la había ofrecido el CEO de Exxon-Mobil en enero pasado en la Casa Blanca: “Venezuela es ininvertible”; es decir, no ofrece seguridad jurídica. Pensar que algo ha cambiado para hacerla hoy “invertible” es tan cierto como que “los venezolanos bailan en las calles”, según insistía Trump.

Pero ocurrió el “game changer”, el factor que cambia el juego: la llegada de María Corina Machado a Venezuela. La masiva algarabía de los venezolanos en las calles sorprendió al mundo; claro que es una sorpresa a medias con solo tener en cuenta la política del país en los últimos tres años. En 2023 organizó las elecciones primarias de los partidos en preparación para las elecciones nacionales. “Con las reglas del régimen, venceremos al régimen”, le escuché decir entonces. Ganó esas primarias con el 92% de los votos.

Al año siguiente lanzó su candidatura a la presidencia, siendo inhabilitada una vez más. El chavismo le teme desde Chávez. La inhabilitación se origina en 2014 cuando fue despojada de su escaño, y en 2023 el régimen la extendió por quince años. No obstante, se hizo cargo de la campaña electoral, recorriendo el país por tierra, llegando hasta las localidades más remotas y más humildes del país, y convocando multitudes en cada una de ellas. Ya constituida en portavoz e intérprete de la esperanza democrática del país, la victoria de Edmundo González por 67 a 30% de los votos el 28 de julio fue la ratificación del liderazgo de María Corina.

Con ella de regreso en Venezuela, hoy se plasma una verdadera agenda para la transición: liberar, no meramente excarcelar, a todos los presos políticos; cerrar los centros de tortura; desmantelar el aparato represivo; reorganizar el CNE y la justicia; derogar la legislación represiva y anular las inhabilitaciones políticas. El plazo perentorio dado a Delcy Rodríguez para abandonar la presidencia acorta el calendario y los hilos del titiritero. Pone sobre la mesa un tiempo concreto: la transición será en 2027. En democracia, los venezolanos sí que bailarán en las calles.

@hectorschamis

 


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