La ONU alerta sobre una posible quiebra hídrica global: ¿está el planeta agotando sus reservas de agua?
El problema no se limita a la falta de lluvias. La sobreexplotación de acuíferos, la degradación de humedales y la pérdida de glaciares reducen las reservas de agua acumuladas durante largos periodos.
En América, la presión se refleja en embalses con niveles críticos en el suroeste de Estados Unidos y en las dificultades de abastecimiento que han afectado a distintas zonas de México.
José María Castillo Ariza, doctor en Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, advierte que la crisis también está relacionada con la distribución desigual del recurso.
"Muchas veces las crisis comienzan cuando falta la forma en la que distribuimos el agua, la protegemos y la administramos", explica.
En América Latina, contar con importantes recursos hídricos no garantiza el acceso seguro y continuo para toda la población, especialmente en las zonas rurales. La agricultura representa otro desafío, pues concentra cerca del 70 % de las extracciones mundiales de agua dulce.
Para el especialista, la respuesta no consiste en producir menos alimentos, sino en utilizar el recurso de manera más eficiente, mediante sistemas de riego tecnificado, protección de las fuentes y reutilización segura de aguas tratadas.
La crisis hídrica también puede comprometer la generación eléctrica en países dependientes de las hidroeléctricas. Castillo Ariza plantea diversificar las fuentes de energía, mejorar la gestión de los embalses y anticiparse a las sequías mediante pronósticos climáticos.
"La seguridad energética de América Latina no puede depender exclusivamente de la lluvia", señala. La protección de los ecosistemas y una gestión más eficiente serán determinantes para garantizar agua tanto a las comunidades como a las actividades productivas.