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Héctor Schamis Obras de arte

Vandalismo y cancelación: el progresismo banal

Lea aquí la última columna de opinión de Héctor Schamis, profesor de la Universidad de Georgetown.

“Los Girasoles” de Van Gogh cubierto de sopa de tomate; la acción de protesta del grupo ecologista “Just Stop Oil” ocurrió en la National Galllery de Londres. Un acto de vandalismo, por cierto, motivado por el aumento de los precios de la energía. El peculiar razonamiento concluía que la protección del arte no puede importar más que la del planeta.

Y no fue solo en Londres. “Mona Lisa” de Leonardo en el Louvre, “La Primavera” de Botticelli en Gli Ufizi de Florencia y “Pajares” de Monet en Potsdam, entre otros, también fueron blanco de esta forma de protesta “contra el gas y el petróleo”, según los propios atacantes. Renacimiento, Impresionismo o post-impresionismo, el fanatismo verde no discrimina entre corrientes pictóricas.

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Greenpeace y otras ONGs justificaron las acciones por ser útiles para llamar la atención sobre la necesidad de abandonar los combustibles fósiles y alertar acerca de la consiguiente catástrofe climática. Es más que una ironía del destino que los apellidos de grandes familias petroleras se encuentren entre los filántropos de dichas organizaciones; Getty y Rockefeller, entre ellos.

Es algo así como el dinero del petróleo para luchar…contra el petróleo; pero si el ecocida Nicolás Maduro fue recibido en COP27, porqué no. El cambio climático es una realidad concreta, no ya una amenaza, pero la incoherencia de la agenda verde se observa en varios niveles. Es ya de Perogrullo señalar que no es posible agraviar a los inversores de gas y petróleo, desmantelar las plantas de carbón, demorar la puesta en funcionamiento de plantas de gas natural licuado y rechazar la energía nuclear sin contar con un plan de transición energética viable.

La guerra en Europa, y la “weaponization” de la energía, no han hecho más que enfatizar, no disminuir, la importancia de las energías convencionales. Al menos hasta tanto dicha transición esté encaminada, que no es el caso.

Pues todo esto destaca que buena parte de la agenda “progresista” de hoy no es más que una empresa discursiva. Se trata de la articulación de una narrativa que cancele las voces del otro, y que en ese proceso narre una supuesta realidad, escindida de los hechos concretos. Y la reconstruya, desde luego, a efectos de reescribir la historia a voluntad.

Cancelar a Van Gogh, Leonardo, Botticelli y Monet es quizás la prueba más contundente de ello. Para reescribir la historia hay que borrar la que está escrita; cubrirla de sopa de tomate, por ejemplo, para que no se vea. Las voces que se cancelan son los pinceles de tales gigantes, con ello se ignora, se erosiona, se suprime nada menos que la herencia cultural europea, disolviendo una identidad colectiva, la de Occidente.

Donde uno mire se ve al “progresismo” de hoy reescribiendo la historia; insisto con las comillas porque progresismo viene de progreso. Cleveland State University en Ohio cambiará el nombre de su escuela de leyes, hasta ahora “Marshall College of Law”. El nombre era en honor de John Marshall, cuarto presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, su monumento se puede observar en el edificio mismo de la Corte. La razón es que Marshall fue propietario de esclavos.

Otro tanto ocurrió con la “Woodrow Wilson School of Public and International Affairs” de la Universidad de Princeton. El nombre de Wilson fue abandonado por su pensamiento racista y haber promovido políticas públicas de contenido racista, según informaron en su momento las autoridades de la universidad. El 28vo. presidente de la nación, entre 1913 y 1921, fue considerado el primer presidente verdaderamente internacionalista, de ahí su nombre en la escuela.

Un gran número de instituciones llevan el nombre de Woodrow Wilson, tendrán que modificarlas también. Quien aquí escribe fue becario (fellow) del “Woodrow Wilson International Center for Scholars” en Washington DC, institución perteneciente al sistema Smithsonian del gobierno federal. ¿Le cambiarán el nombre? A propósito, no recuerdo una sola expresión de racismo en todo un año residiendo allí.

Es que con esta lógica el Partido Demócrata también debería cambiar su nombre, pues era esclavista en el Sur. Los “dixiecrats” se opusieron a la Emancipación y construyeron Jim Crow después de 1877, el régimen autoritario segregacionista. Descontextualizar la historia es otra manera de reescribirla.

Se podría pensar que todo esto es absurdo, pero en nada lo es. El pensamiento socialista está a la deriva, y por allí transcurren los progresismos de hoy. El constructivismo de Foucault mató y enterró al materialismo histórico de Marx y Engels, con lo cual se pierde anclaje analítico. Así, las categorías conceptuales del progresismo son fluidas, ya no sabemos qué sabemos.

La izquierda es caviar porque su base social ya no es, por cierto, el asalariado sindicalizado. En consecuencia, los magnates de la industria del petróleo pueden perfectamente ser la vanguardia de la lucha contra el calentamiento global. El subjetivismo ha dejado de ser una herramienta analítica como tantas otras para convertirse en un canon de acción política. Y, por supuesto, de narración y construcción de la realidad.

Héctor Schamis


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