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Deforestación

La deforestación no da tregua: el mundo perdió 40 millones de hectáreas de bosque en diez años

Los bosques del planeta desaparecen a un ritmo que sigue encendiendo las alarmas. Aunque algunos países han logrado reducir la deforestación, entre 2015 y 2025 se perdieron más de 40 millones de hectáreas de cobertura forestal, una superficie equivalente al tamaño de Paraguay. Expertos advierten que, sin mayor inversión y cambios en los sistemas de producción, los impactos sobre el clima, el agua y la seguridad alimentaria serán cada vez más severos.

La deforestación continúa avanzando impulsada principalmente por la expansión agrícola, los incendios forestales y la explotación de recursos naturales. De acuerdo con Naciones Unidas, el planeta pierde cerca de 10,9 millones de hectáreas de bosque cada año, mientras que la inversión destinada a proteger estos ecosistemas sigue siendo insuficiente y debería triplicarse antes de 2030.

Para María Inés Rivadeneira, líder regional de Política para América Latina y el Caribe de WWF, el problema ya superó el ámbito ambiental. "Ya no es solo un problema ambiental. Afecta al clima, a la seguridad alimentaria, al agua y al bienestar de millones de personas que dependen directa o indirectamente de los bosques", afirmó.

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La región alberga la mayor extensión de bosques tropicales del planeta, pero también concentra algunas de las cifras más preocupantes de deforestación. Según Rivadeneira, Sudamérica perdió en la última década alrededor de 4,1 millones de hectáreas netas de bosque cada año, una superficie comparable al tamaño de Suiza.

La Amazonía es uno de los mayores focos de preocupación. WWF advierte que ya ha desaparecido cerca del 17 % de su cobertura vegetal, y que si la pérdida alcanza entre el 20 % y el 25 %, la selva podría acercarse a un punto de no retorno. "Partes de la Amazonía podrían perder su capacidad de regenerarse por sí solas y comenzar una transformación irreversible", alertó.

¿Todavía es posible cambiar el rumbo?

Pese al panorama, los expertos aseguran que aún existen alternativas. Fortalecer la gobernanza, mejorar el monitoreo de los bosques, eliminar subsidios que incentiven prácticas perjudiciales y promover una producción sostenible aparecen entre las principales soluciones.

Rivadeneira insiste en que la transformación debe comenzar por los sistemas alimentarios.

"Necesitamos transformar las cadenas de producción para que los alimentos y las materias primas no sigan produciéndose a costa de los bosques", señaló.

Además, destacó que América Latina cuenta con experiencias exitosas en agricultura regenerativa, agroecología y cooperación regional que demuestran que es posible reducir la deforestación sin sacrificar el desarrollo económico.

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