“Cada molécula de metano que no se emite es una buena noticia para el clima”: Greenpeace alerta sobre el impacto energético tras el cierre del estrecho de Ormuz
El cierre del estrecho de Ormuz desde el pasado 2 de marzo mantiene en alerta a varios países de la Unión Europea. La vía marítima, considerada estratégica para el comercio energético mundial, moviliza cerca del 20% del suministro global de gas, equivalente a unas 80 millones de toneladas anuales, según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Las primeras consecuencias ya comienzan a sentirse en sectores como el transporte aéreo y la calefacción doméstica, en medio de una creciente presión internacional liderada por Estados Unidos contra Irán.
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La preocupación también gira en torno a la posibilidad de una reducción en el abastecimiento de gas natural hacia Europa. De acuerdo con la AIE, el impacto podría afectar cerca del 10% del suministro europeo, justo cuando el continente aún intenta estabilizar sus costos energéticos tras años de volatilidad.
Francisco del Pozo, coordinador de campaña contra los combustibles fósiles de Greenpeace, explicó que las fugas de metano representan uno de los mayores problemas ambientales del actual sistema energético.
“El metano es un potente gas de efecto invernadero, unas 84 veces más potente que el CO2 durante sus primeros 20 años en la atmósfera”, aseguró. Según explicó, esas fugas ocurren durante toda la cadena de producción y distribución del gas, desde los pozos hasta los hogares e industrias.
Aunque el experto considera clave reducir esas emisiones, también insiste en que la solución de fondo va mucho más allá.
“Lo mejor para evitar desastres energéticos como el que vaticina el bloqueo de Ormuz es emprender una descarbonización hacia un sistema 100% renovable”, afirmó.
Del Pozo sostiene que limitar las fugas puede funcionar como una medida inmediata, pero advierte que la verdadera estabilidad energética depende de disminuir la dependencia global del gas fósil.
En el caso de la península ibérica, explicó que el impacto directo del cierre de Ormuz sería limitado, ya que gran parte del suministro energético proviene de Argelia, además de importaciones desde Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, considera que la crisis vuelve a evidenciar la vulnerabilidad del sistema energético internacional.
“Nuestro camino debe ser reducir la demanda de gas. Cuanto menos gas consumamos, menos emisiones de metano tendremos y menos expuestos estaremos a crisis como esta”, enfatizó.
Actualmente, España ya cubre cerca del 60% de su demanda eléctrica con energías renovables, una cifra que, según Greenpeace, demuestra que la transición energética puede convertirse no solo en una respuesta climática, sino también en una estrategia de seguridad económica y geopolítica.