Revelación cósmica: Los telescopios Hubble y James Webb de la NASA resuelven el misterio de los agujeros negros “perdidos”
Un enigma astronómico que desconcertó a la comunidad científica por décadas ha sido resuelto, utilizando de forma combinada los telescopios espaciales Hubble y James Webb, un equipo de astrónomos liderado por la Universidad de Utah y la NASA logró detectar el primer agujero negro de masa estelar dentro de Omega Centauri y el más brillante y masivo de la Vía Láctea.
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El hallazgo de este objeto, bautizado como oMEGACat BH-2, marca un antes y un después en la astrofísica. Los modelos teórico siempre habían señalado que este grupo de mas de 10 millones de estrellas debía albergar una densa población de aproximadamente 10.000 pequeños agujeros negros.
Un “bamboleo” estelar de 20 años
A diferencia de los agujeros negros supermasivos que habitan en los centros galácticos los de masa estelar “nacidos del colapso de estrellas gigantes”, son increíblemente difíciles de ver porque no están emitiendo luz propia ni suelen interactuar con grandes nubes de gas para que brillen en rayos X.
Para romper con eso los científicos recurrieron a una minuciosa labor de arqueología de datos:
Analizaron de forma exhaustiva más de dos décadas de observaciones archivadas del telescopio Hubble desde 2002-2023.
Complementaron el rastreo con imágenes de alta definición infrarroja captadas por el telescopio James Webb.
Gracias a este esfuerzo, el equipo detectó una estrella gigante roja que se movía de una forma inusual como si estuviera siendo jalada por un acompañante masivo pero invisible. Al calcular el tirón gravitacional confirmaron que la masa del cuerpo oculto equivale a 4,46 veces la de nuestro sol, lo que certifica la presencia del escurridizo agujero negro.